escribiendo, simplemente
Después de estar todo el día vaciando lo que creo que es el comedor, acabo exhausta. Me llevo las manos a los riñones, en un inútil esfuerzo por mitigar el punzante dolor que siento y miro rápidamente a mi alrededor. Suspiro. No veo dónde puede estar el suelo. Lo único que hay rodeándome son escombros y más escombros, restos de mesas, sillas partidas, barro, cristales de las ventanas. Creo que jamás acabaré.
Salgo a la calle, el paisaje no es mejor. Restos de casas campan a sus anchas por las calles. Donde antes hubo plantas, ahora sólo hay barrizal. Es desolador.
En el fondo del estómago comienza a formarse un nudo de tristezas, amarguras, lágrimas y gritos, pero quiero ser fuerte. No puedo permitir que el miedo se apodere de mí.
Entonces, cuando fijo mi vista en los muros de una pared que milagrosamente sostiene en pie su estructura, observo, para mi alegría, que hay un brote verde. Que esa planta va a nacer. Seguro que ese es el comienzo de algo nuevo, para esa planta, y para mí.
como me ha gustado eso de observo mi alegria jajaja